El desempleo, un viejo fantasma que reaparece

Si bien las cifras difieren en función de las entidades que los proporcionan y los mecanismos de medición, se calcula que de enero a marzo hubo entre 1153 y 1953 despidos cada día hábil. La Unión Industrial Argentina (UIA) aseguró que de no mejorar el panorama, 200 mil puestos de trabajo están en riesgo. En un nuevo Día del Trabajador, mientras a nivel internacional se retrocede doscientos años de historia cuestionando el derecho de huelga, es necesario ponerle nombres y rostros al panorama de recesión, ajuste y despidos.

A nivel general hubo diferentes camadas de cesantías. Por un lado, las que afectaron al sector privado en noviembre-diciembre y en marzo. Y, en el sector público, las ‘tres grandes olas’ se dieron en fecha de cese de contratos (31 de diciembre y 31 de marzo) y por auditorías internas tras el cambio de administración nacional (febrero).

Julia Campos, integrante del Observatorio del Derecho Social (ODS) de la CTA Autónoma, consideró fundamental analizar el despido desde su «efecto disciplinador». El mecanismo implicaría instaurar la posibilidad real de la pérdida del empleo, planchar así cualquier disputa por pérdida del poder adquisitivo y condiciones de trabajo y consolidar visiones individualistas en un ‘sálvese quien pueda’ generalizado.

La estrategia tiene como límite doméstico que en Argentina «existe, con todas las limitaciones que le podamos encontrar, un movimiento obrero organizado con dinámica de negociación colectiva». Quizás por eso, desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) advirtieron, en medio de las masivas cesantías, que no negociarían salarios por despidos y, también se vio más junta en los últimos tres meses que en los últimos 10 años a la atomizada dirigencia sindical.

No obstante para los díscolos, hay un mecanismo complementario: la criminalización de la protesta social que, según Campos, aumentó notablemente en el último tiempo, con «muchos trabajadores con procesos penales y represiones en vía pública, encarcelados y con prisión efectiva».

En la calle. Detrás de los números, las marchas y los cortes de calle que irritan a algunos sectores más apurados en llegar a la casa que a un esquema justo de distribución del ingreso, hay historias humanas y anónimas. Algunas trágicas por el impacto en la salud, como el caso de tres trabajadores estatales fallecidos en una semana en el marco de despidos y brutales descuentos salariales.

«Nos dejaron en la calle sin darnos nada, ni siquiera telegramas de despido», sintetizó Lorena Tapia Garzón, trabajadora de El Argentino Zona Norte. Con 37 años y dos de trabajo en el periódico del Grupo 23, es una de los 300 trabajadores víctimas del vaciamiento de Szpolski y Garfunkel a su imperio de multimedios forjado al calor de la pauta oficial. Los empresarios no sólo se fueron sin decir adiós, tampoco pagaron las indemnizaciones correspondientes. «Fue muy agotador ir todos los días, poner el cuerpo, la mente, el corazón a lo largo de tres meses. Muy denigrante para la persona como trabajadora, pero a la vez con mucha dignidad, porque más allá de que intentaron agotarnos y desmembrar, pudimos mantener la lucha colectiva», contó.

En situaciones como éstas aflora en el relato el combustible para seguir adelante: la solidaridad de sectores populares que eran reflejados en el trabajo cotidiano, además del apoyo del recientemente conformado Sindicato de Prensa de Buenos Aires.

Con el inicio de 2016 los 220 trabajadores de Aerolíneas Sol quedaron desempleados. Carolina Cobelli recordó el momento en que supo del cierre. «Fue una desesperación, no lo podés creer. Recién ahora estoy dándome cuenta de lo que me espera sin sueldo, sin obra social, con tres hijos y 41 años. Era como cuando alguien se muere, todo el mundo se acercaba a darme el pésame». Describió que, al estado de shock, sobrevino un impulso «de luchar» que canalizó en su caso con las acciones de la Asociación del Personal Aeroportuario (APA).

Algo desesperanzada en materia de posibilidades de reubicación por falta de compromiso gubernamental, no sólo a nivel nacional sino también provincial, la trabajadora con 10 años de antigüedad lamentó que en este marco hay quienes irán «a trabajar de cualquier cosa y por cualquier sueldo», algo que consideró «denigrante porque baja la calidad de vida y juega con la desesperación de la gente». Aunque pequeños y contentos porque mamá está más tiempo en casa, los hijos de Cobelli tampoco quedaron ajenos al malestar. «A veces me ven más triste o nerviosa y me abrazan y me dicen ‘mamá, ya vamos a estar bien'», contó conmovida.

Daniel Jorge, por su parte, llevaba 22 años trabajando en el Ministerio de Trabajo de la Nación, la mayor parte dentro del Programa Asistir, que brindaba asesoramiento legal a trabajadores privados. Inició como pasante, por la bolsa de trabajo de la facultad, pero después pasó a ser personal transitorio con renovación anual de contrato. Como sus 25 compañeros, asumía la representación en oficinas públicas y judiciales de aquellos trabajadores que atendían diariamente. Recibían más de 100 consultas diarias.

«Salí a trabajar como todas las mañanas, tenía audiencias y me llamó mi mamá para decirme que tenía una mala noticia. No pensé que me iba a pasar a mí por la antigüedad, dado que el gobierno aseguró que revisaría contratos más recientes. Me puse muy mal, me entristecí, me sentí desamparado. Me hubiera gustado que al menos me den una explicación», relató Daniel quien, vale resaltar, concursó el cargo en 2015 y por orden de mérito lo ganó, pero nunca pasó a planta.

En las oficinas del Ministerio de Trabajo, como en buena parte de las dependencias públicas, es ATE el sindicato que lleva las riendas de los reclamos colectivos, con victorias parciales en sectores donde se logró reincorporar trabajadores. Pero, por lo pronto, las oficinas de Asistir no volvieron a abrir y, literalmente, les bajaron la persiana. El 30 de abril se venció el último contrato de Jorge con el Estado. Lamentó que las autoridades «tiran por la borda un montón de conocimiento de gente que lleva décadas trabajando». Dijo sentirse «engañado» por la actual gestión, que «propugnaban una cosa en campaña y hacen lo opuesto».

Piedra libre. Con el cambio de ciclo político y más allá del proceso inflacionario y los tarifazos, parece que se reinstaló cierta lógica de libre albedrío patronal. Grave, sobre todo considerando que más allá de las acusaciones de ñoquis, SINGLE_LEFT_QUOTEgrasa militante’ y demás, la realidad es que el Estado es la punta de lanza que habilita a los grupos empresarios a deshacerse de lo sobrante sin más explicaciones.

El caso de Grupo 23 no se explica sólo en que se cayó la pauta que lo sostuvo. Hay una red de omisiones y corrimientos por parte del gobierno actual que convalidaron la fuga empresaria ante cientos de trabajadores que se quedaron sin voz y que, consideran, parte del problema es la intentona del macrismo de profundizar el cerco informativo.

En la aceitera Ricedal de Chabás, la esquizofrenia del cierre viene desde el 2013. Tres veces intentaron dejar a los casi treinta obreros en la calle, pero volvieron a abrir. «Es un marco excelente para arriesgarse», consideró el delegado Leonel Zulliani quien sospecha que la empresa tiene la intención de desprenderse del sector afiliado a la Federación Aceitera para reabrir con otra gente, con salarios a la baja.

Pensando en el contexto nacional, analizó que «se invitó a las empresas a una ola despidos y ellos se subieron». De todos modos, más allá de las problemáticas climáticas que afectan a la región que, como los tarifazos, fueron posteriores al estallido del conflicto, los trabajadores de Ricedal denunciaron que «están acopiando cereales en otro lado por si pueden arrancar. Si logran despedirnos, van a volver a arrancar en el mismo lugar».

Así podríamos seguir con los ejemplos, pero el punto es qué esperar del empresariado cuando el mismo Estado que mantuvo índices escandalosos de precarización laboral reestructural, vacía y replantea áreas de control del empleo. De los casi 75 mil despidos relevados por el Observatorio de la CTA Autónoma de enero a marzo inclusive, el 70 por ciento se dio en el sector público, de los cuales la mitad se perpetró en el Estado Nacional con una mayoría abrumadora de trabajadores precarizados. «No hay registros históricos de cambios de administración que afecten tanto las plantas transitorias. Es la primera vez que se deshacen de un porcentaje tan grande», aseguró Campos. Mientras, el Ministro de Economía Alfonso Prat Gay, adjudicó los reclamos a «una sensación térmica».

Comprender lo sucedido desde la asunción de Macri en el Ministerio de Trabajo de la Nación es nodal. Los 280 despidos a lo largo del país sólo en esa dependencia afectaron principalmente a: Programa Asistir; Programa Jóvenes por más y mejor trabajo, donde la mitad del staff fue despedida; inspectores encargados de fiscalizar el trabajo no registrado; y la Dirección de Empleo. El caso del Asistir es emblemático. Si bien desde la Junta Interna de ATE Ministerio de Trabajo advierten que se apunta a «desarmar diversas líneas de intervención», otra posibilidad que barajan es «la estrategia oficial de, o bien barrer los programas, o correr a los abogados para poner los propios», denunciaron. «Tienen que decir con qué política van a atender a la gente que venga a reclamar por su trabajo», consideró Jorge.

Lo que viene. Tanto la CTA-A como la CGT calculan que la inflación interanual fue del 37 por ciento. Con el porcentaje paritario promedio se están perdiendo alrededor de 7 puntos de salario real. Hacia delante el ODS prevé despidos en el sector privado, otra corrida inflacionaria tras el cierre de las paritarias y una cuarta ola de despidos en el Estado en junio, con la caída de una tanda de contratos, menor a la dada en marzo.

En la región uno de los gigantes en tensión es Acindar, que en un mes bajó la producción a la mitad en Villa Constitución -donde ya hay suspensiones rotativas-, mientras que en Rosario suspenderá un turno desde el 31 de julio. «Las cuatro medidas que tomó el gobierno, nos destrozaron: cese de obra pública, altas tasas de interés en bancos, apertura externa e incremento de tarifas», aseguró Silvio Acosta, integrante de la Comisión Interna villense. La ecuación es sencilla: con 1300 permisos de obras públicas en el freezer y el incentivo a guardar la plata más que invertir, la acería se enfría. Ambas plantas emplean a 1400 empleados.

Ante este panorama, lo alentador viene del lado de los más vapuleados. Periodistas del Grupo 23 abrieron camino a procesos cooperativos (se puede leer la nueva versión en www.elargentinozn.com.ar), generando fondos de huelga donde aportan ciudadanos de a pie, colegas de otros medios y organizaciones solidarias. Los aceiteros mantienen desde el 29 de febrero, con un párate durante el período de conciliación obligatoria, el acampe en Chabás, en lo que es la medida de lucha más larga que recuerden en el lugar. Estatales nucleados en ATE realizaron su tercer paro nacional el 19 de abril, con marchas masivas, y las centrales obreras concretaron ayer una gran movilización unitaria.

Consultado sobre un posible plan de lucha, el dirigente de la CGT y la poderosa Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), Juan Carlos Schmid, aseguró que primero se medirá el impacto político de la jornada del 29 de abril y los potenciales anuncios oficiales que de ella se desprendan. Consideró que al momento las reuniones mantenidas «fueron casi desalentadoras» y que «si se mantiene este ritmo de deterioro, hay un horizonte de conflicto».

Desde una perspectiva global, el dirigente de la CTA-A Rosario, Gustavo Terés, analizó que las crisis dadas en los diferentes lugares del mundo tienen como corolario el arribo de partidos «de derecha» que aplican una serie de reformas tendientes «cercenar derechos y liberar condiciones» para que las patronales «dispongan de los trabajadores» como variable de ajuste. Por eso, consideró necesario «fortalecer el poder de los trabajadores en los países latinoamericanos, más allá del apoyo o no a un partido».

Por Sofía Alberti

http://www.lacapital.com.ar/

686 veces leído

También te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *